Finlandia se está quedando sin su principal pulmón

Frederik es finlandés y me dice que no recuerda un verano tan cálido como el que acabamos de dejar atrás. «En mi vida había tenido yo 30 grados fuera de mi casa». Vive en Espoo, al sur del país y a muy pocos kilómetros de Helsinki, pero suele pasar los meses de verano en su casa de campo en Kemi, a apenas hora y media en coche de Rovaniemi, la ciudad conocida internacionalmente por ser el hogar de Papá Noel. Kati, Katariina y Airi se conocen desde que coincidieron en un Erasmus en Suecia en 2013. Desde entonces, las tres han ido variando lugares de residencia y casas de verano entre las principales ciudades finlandesas y su conclusión es la misma: cada año que pasa hace más calor, no llueve nunca y, según puntualiza Airi, «en Laponia, los árboles ni siquiera han estado completamente verdes. Estaban entre amarillos y naranjas, y no había musgo cerca de los lagos». Una foto que envía Kati lo demuestra. Los verdes parajes finlandeses cada vez lo son menos.

Hace ya varios años que Finlandia fue un país pionero en poner en marcha un proyecto todavía más pionero: ser el primer Estado del mundo en ser neutro en carbono para 2035. Para eso, se aferró a lo salvaje de su naturaleza: bosques, suelos, turbas y océanos son los principales sumideros de carbono naturales, depósitos que absorben y almacenan CO2 reduciendo sus niveles en la atmósfera. En un país de 5,6 millones de habitantes, con una economía en proceso de descarbonización y con casi el 70% de su territorio cubierto por bosques y turberas, se asumió que el plan no sería un problema. Durante décadas, los bosques y las turberas habían eliminado de la atmósfera más carbono del que liberaban. Pero este equilibrio empezó a cambiar a partir de 2010. La cantidad absorbida por la tierra comenzó a disminuir. Primero lentamente. Luego de manera vertiginosa.

«He hablado con muchos viejos pastores de renos que nunca habían experimentado el calor que hemos tenido este verano. El sol sigue brillando y nunca llueve».

A día de hoy, Finlandia ha reducido las emisiones en un 43% en todos los sectores de su economía. Sin embargo, sus emisiones netas se encuentran en el mismo nivel que a principios de los años 1990. Es como si no hubiese pasado nada en 30 años. De hecho, en 2018 el sumidero terrestre de Finlandia prácticamente había desaparecido y en 2023 se ha terminado de confirmar lo que era un secreto a voces: emitimos más CO2 del que la naturaleza puede capturar. La preocupación en Finlandia por el castañazo de su proyecto estrella es tal que la cuestión ha llegado al Parlamento a través de los samis, la tribu indígena del norte de Finlandia, altamente dependiente de que al ecosistema le vaya bien para que a su economía (basada en agricultura y ganadería) también le vaya bien.

«He hablado con muchos viejos pastores de renos que nunca habían experimentado el calor que hemos tenido este verano. El sol sigue brillando y nunca llueve». Sanila-Aikio, ex presidenta del Parlamento sami finlandés, también coincide con lo que notan los ciudadanos de a pie. Los bosques boreales de los samis tardan tanto en crecer que incluso los árboles pequeños suelen tener cientos de años. Forman parte de la taiga que se extiende por el extremo norte del hemisferio a través de Siberia, Escandinavia, Alaska y Canadá. Durante décadas, los bosques y turberas del país habían eliminado de la atmósfera más carbono del que liberaban. Pero ese sumidero forestal ha disminuido alrededor de un 90% entre 2009 y 2022, y el resto del descenso se debe al aumento de las emisiones procedentes del suelo y la turba.

Para devolver la tierra a su estado natural, una parte del proceso de regeneración de las turberas consiste en el rellenado de las zanjas hechas por el hombre | Philippe Fayt / Metsähallitus

El colapso tiene enormes implicaciones, no sólo para Finlandia, sino a escala internacional. Al menos 118 países dependen de sumideros naturales de carbono para cumplir sus objetivos climáticos. Ahora, por una combinación de destrucción humana y la propia crisis climática, algunos se tambalean y empiezan a ver descensos en la cantidad de carbono que absorben. «No podemos alcanzar la neutralidad de carbono si el sector de la tierra es una fuente de emisiones. Tienen que ser sumideros porque todas las emisiones no pueden reducirse a cero en otros sectores», afirma al periódico británico The Guardian Juha Mikola, investigador del Instituto de Recursos Naturales de Finlandia (Luke), responsable de elaborar las cifras oficiales del Gobierno.

Las razones de estos cambios son complicadas y no se entienden del todo, dice. La quema de turberas para producir energía sigue siendo habitual. La tala comercial de bosques (incluidos los raros ecosistemas primigenios formados desde la última glaciación) ha aumentado a un ritmo ya implacable, constituyendo la mayor parte de las emisiones del sector terrestre finlandés. Pero también hay indicios de que la crisis climática se ha convertido en uno de los motores del declive. El aumento de las temperaturas en la parte del planeta que se calienta más rápidamente está calentando los suelos de Finlandia, incrementando el ritmo al que las turberas se descomponen y liberan gases de efecto invernadero al aire. La turba congelada está desapareciendo en Laponia. Los bosques del país, plantados en su mayoría tras el final de la Segunda Guerra Mundial, también están madurando, acercándose a la cantidad máxima de carbono que pueden almacenar de forma natural.

¿Y los políticos?

Estos cambios, aunque previstos por los climatólogos, preocupan a los responsables políticos. Finlandia no es el único país que ha experimentado una disminución o desaparición de los sumideros de tierra. Francia, Alemania, la República Checa, Suecia y Estonia son algunos de los países que han experimentado un descenso significativo de sus sumideros. Todos ellos han incorporado el sumidero de carbono como el elemento central de su política climática. El Ministerio de Hacienda finlandés calcula que talar un tercio menos de árboles reduciría el PIB un 2,1%, con un coste anual de entre 1.700 y 5.800 millones de euros. Aumentar la protección de los bosques también costaría al país cientos de millones de euros, según el Panel Finlandés de la Naturaleza. El Estado posee el 35% de los bosques, mientras que propietarios privados, empresas, municipios y diversas organizaciones poseen el resto.

«Se han puesto demasiadas esperanzas de política climática en los sumideros del sector del uso de la tierra», declara Frederik, licenciado en Ciencias Ambientales y un activista de primera línea en el país en materia medioambiental. «Los llamamientos a restringir la tala a menudo pasan por alto que el Estado posee aproximadamente una cuarta parte de los bosques finlandeses. El gobierno puede restringir la tala en sus propias tierras si le apetece y está dispuesto a cargar con las consecuencias», afirma.

Bajo el gobierno de derechas elegido el año pasado, se ha hecho mucho menos hincapié en el cumplimiento de los objetivos climáticos. Pero los investigadores advierten de que es probable que el aumento de las temperaturas globales degrade aún más el sumidero terrestre de Finlandia. Los estudios indican que, en todos los ecosistemas boreales, el bosque está perdiendo su capacidad de absorber y almacenar tanto carbono. «Hay algunos escenarios científicos realmente serios en los que, si el cambio climático avanza, el abeto de Finlandia no sobrevivirá, al menos en el sur del país», afirma un informe de WWF. Todo el sistema forestal finlandés se basa en este árbol. Y en setas que sirven de alimento a la fauna del Círculo Polar Ártico. Si no hay setas, los renos morirán de hambre. Y la carne de reno también es una fuente de alimentación tremendamente codiciada en Finlandia.

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