Blind Channel: rompiendo moldes hasta en su despedida provisional

El mundo del rock estaba huérfano desde la muerte de Chester Bennington. No existían referentes para las nuevas generaciones y toda banda que se formaba apenas duraba tres años en pie antes de disolverse al igual que lo hacían sus miembros en drogas, alcohol y decisiones cuestionables. Hasta que llegaron seis chicos vestidos de negro desde los confines de Finlandia a demostrar varias cosas: la primera, que el rock no muere mientras haya quien sepa llevarlo por el cauce sano. La segunda, que es perfectamente posible conquistar el mundo y todos los premios posibles en tres años. La tercera, que no todos los rockeros son iguales. Y la cuarta, que es imperioso saber cuándo decir basta… y cuándo volver.

Blind Channel despertó a toda Europa allá por 2021, en la última edición de Eurovisión que musicalmente mereció la pena, y la puso en pie con un dedo central de la mano pintado de rojo. Su idea era hacer una peineta, pero la organización lo impidió por ser un gesto que inducía a las faltas de respeto. Su mensaje en un contexto de plena pandemia corrió como la pólvora y un merecido sexto puesto hizo el resto. Era la segunda mejor posición de la historia de Finlandia en el certamen, sólo por detrás de Lordi (hasta la llegada de Käärijä, que mejoró el palmarés con la medalla de plata). Para los aficionados al heavy metal, Blind Channel era una bendición, y más haciendo piña con los italianos Måneskin, ganadores de la edición de 2021.

La ola de entusiasmo fue tan potente que todo ocurrió de golpe: el canal de Youtube de los jóvenes finlandeses, que por entonces contaban con edades comprendidas entre los 23 y los 28 años, se llenó de minidocumentales sobre cómo había sido su camino desde que ganaron el festival UMK de su país con absolutamente todo en contra. Representaban a la escena underground finlandesa con una propuesta tremendamente criticada, si bien lograron la victoria a domicilio con la mayor puntuación que se recuerda en el mencionado festival finlandés. Nadie ha vuelto a batir semejante récord. De repente, los medios de toda Europa querían saber más sobre Niko Moilanen, Joel Hokka, Joonas Porko, Olli Matela, Tommi Lalli y Aleksi Kaunisvesi. Y se encontraron con una historia de acoso y de superación.

Rock del año, Exportación del año, Banda del año, Canción del año, Canción más reproducida del año y Ganador del voto de la audiencia | Blind Channel

«Nadie nos quería», declaraba Joel (vocalista) en una de sus primeras entrevistas fuera de Finlandia. «Siempre tuvimos claro que nos mantendríamos fieles a nuestro estilo, que esto es lo que somos, y que nadie lo remozaría para dar una imagen más amable o más correcta». Niko (vocalista) rizaba el rizo: «En cuanto decíamos que nuestra idea era cantar en inglés, y no en finés, para no circunscribirnos sólo a Finlandia, se nos cerraban las puertas por docenas». Las faltas de respeto venían de todas partes: de un entorno escolar donde todos ellos sufrieron años de acoso y de una industria que no estaba por la labor de aceptar a un rapero (Niko) en un grupo heavy, y que no iba a comprar un sonido basado en una mezcla de guitarras pesadas y percusión. «Decían que no éramos más que una copia barata de los Backstreet Boys en la escena metal», reconocieron los chicos.

Lejos de tomárselo como un insulto, Blind Channel optó por no pasar por el aro. Reclutaron a varios conocidos de la escuela de música de su adolescencia para que formaran parte de su equipo técnico y se guisaron y se comieron su propio negocio: producían sin una discográfica potente detrás, gestionaban sus propias redes sociales, sus propios conciertos, sus propias promociones, su propio merchandising, sus propias giras y sus propias grabaciones. «Tuvimos claro desde el principio que, si nadie nos ayudaba, lo haríamos solos», declaró Joonas (guitarra). Y funcionó. Tras callar bocas en Euriovision, continuaron demostrando que no eran un grupo de un sólo éxito (Dark Side, su tema para el concurso).

En todo este tiempo, han despertado el interés de hombres, mujeres y niños, han completado 18 giras en Europa, Estados Unidos, Reino Unido y Japón durante las cuales han grabado dos álbumes de estudio, han ganado seis Emma Awards, considerados los Grammy finlandeses, han sido disco de oro y platino tres veces en su país, han colaborado con varios artistas internacionales (incluida la cantante estadounidense Anastacia, de cuyo single Left outside alone Blind Channel grabó una versión hace ya años), han concedido entrevistas y han participado en shows benéficos, entre otras cosas. Y de repente, el odio dio paso al furor: Finlandia se volcó en hacer de ellos un reflejo de la perfección nórdica y la capacidad de trabajo y sacrificio que tan a gala ha llevado Escandinavia. De repente, Blind Channel tenía la obligación de ser un modelo a seguir, de no fallar, de corresponder a todo el mundo con un pedazo de la tarta que habían cocinado.

Sus canciones comenzaron a hablar de ellos

Desde entonces, Blind Channel se centró en contar al mundo su historia a su manera: con letras explícitas, que no dejan lugar a equívocos sobre quiénes estuvieron siempre de su lado y quiénes no, como grito de guerra, como un «ni olvido ni perdón». Su éxito comenzó a ser tan masivo que los chicos debieron buscar ayuda en una pequeña productora de Alemania, su segundo mercado tras Finlandia en millones de reproducciones de sus canciones. Ello les abrió las puertas de estudios de grabación cada vez más grandes y de colaboraciones con artistas de cada vez mayor renombre. Pasaron dos meses girando por Estados Unidos como teloneros de The Hu, tratando de darse a conocer en el mercado musical más exigente del mundo. Sumaron muchas manos alrededor.

Hasta que tanto volumen de trabajo ha terminado por poner un interrogante a su salud. Sin haber caído nunca en drogas ni sumergirse en el alcohol como solución a sus problemas, los miembros de Blind Channel comenzaron a dejar caer en sus redes sociales, en sus letras y en las entrevistas que no comían ni dormían bien, que la mayor parte de sus ingresos se iban en pagar el alquiler y en financiar sus giras y que apenas había tiempo para ir al médico una vez aterrizados de vuelta en Finlandia. Joel incluso llegó a rescindir el contrato de alquiler de su piso «porque no tiene sentido pagar una casa donde no paso ni tres meses al año entre gira y gira».

Cuando el sueño casi acaba con el sueño

Y llegó el momento en el que Blind Channel tuvo que decir basta. «Lo más importante siempre es saber hasta dónde puedes llegar y por dónde no vas a pasar nunca, sean cuales sean las circunstancias», llegaron a declarar Aleksi y Olli en una entrevista a un medio finlandés en un reportaje sobre la vuelta a las clases. Toda una declaración de intenciones. El pasado lunes, los fans de la banda se despertaron con un comunicado oficial: «Tras más de 300 conciertos a lo largo y ancho del mundo, es momento de apagar la llama antes de que lo queme todo. Hemos decidido hacer un parón una vez termine 2024, aún no sabemos por cuánto tiempo, pero es el momento de salir de la vida pública para ponderar lo que traiga el futuro».

Sonaba a despedida para siempre, pero conscientes del revuelo, los seis miembros de la banda no dudaron en informar largo y tendido durante todo el día a sus seguidores a través de sus redes sociales con artículos de prensa finlandesa donde explicaban con todo lujo de detalles dos cosas: la primera, que por mucho que durase la pausa, no será ni mucho menos una despedida, y que volverán a la escena. Y la segunda, que eso ocurrirá cuando vuelvan a sus raíces. «El último álbum se hizo a toda prisa y ha habido demasiadas personas ajenas a Blind Channel componiendo y produciendo las canciones de Blind Channel «, reconoce Joel. «Y eso ha llevado a un segundo plano nuestra esencia como banda, el sonido que queremos y las historias que queremos contar. Se ha sentido de todo menos propio». A ello se ha sumado unos plazos imposibles de entrega de las nuevas canciones que ha provocado que el producto final sonase como una mercancía producida en una cadena de montaje, más que como un fruto de la ilusión. «Cuando alguien me preguntó de qué iba a ir el siguiente álbum de Blind Channel contesté que no lo sabía«, reconoce Niko. «Ahí noté que algo no iba bien, que algo se había perdido».

Sin decirlo abiertamente, Blind Channel reconoce así un error: a veces, aspirar a algo grande no tiene por qué implicar que otros manejen la imaginación propia a su antojo. Blind Channel no está dispuesto a pasar otra vez por un proceso de producción masivo donde los seis miembros fundadores (que por cierto, siguen siendo los mismos, sin ninguna baja en 10 años) pierdan pie frente a voces ajenas. La banda también reconoce que tanta presión por cumplir plazos, las esperas y los viajes interminables y dejar aparcada su vida personal por cumplir su sueño han derivado en muchas ocasiones en discusiones «por pequeñeces» entre ellos, según Joel. «Y eso es algo absurdo que no compensa para nada porque no discutimos ni por la banda ni por nuestra música. No quiero ser ese tipo de persona».

Un documental para ver la realidad

A modo de despedida de esta primera etapa, la cadena de televisión pública finlandesa Yle emitirá un documental de cinco capítulos, After Dark Side, sobre el después de la canción que les cambió la vida. Y promete ser un relato crudo de la realidad que los chicos han vivido desde entonces. El documental ya ha sido visto por las familias y allegados de la banda y Joel ya adelanta algo: «Se van a ver muchas cosas que poca gente imagina. Cuando mi abuela lo vio, me llamó por teléfono y me dijo que teníamos que parar. Ahí me di cuenta por primera vez de lo cansado que estaba». Visionando el documental, los chicos incluso se fijaron en que había pasajes que ni siquiera recordaban haber vivido. «Muchas bandas míticas se fueron al carajo (ellas o algunos de sus miembros) por no saber parar a tiempo y respirar», apunta Joonas.

Cuando se planteó por primera vez la idea de detener la actividad y descansar, el grupo la acogió con miedo. «¿Y si, después de tanto esfuerzo, la gente se olvida de nosotros?», se preguntó Joonas. Las reacciones en redes sociales de sus numerosísimos fans no dejan lugar a dudas: eso no ocurrirá porque el trabajo más difícil, el más duro, el del principio, el de ganarse a su nicho de público, ya está hecho. Y en tiempo récord.

Por lo pronto, la decisión del parón temporal les hizo sonreír de nuevo y tomarse el resto de gira que queda pendiente con cierta sensación de alivio: después les espera un largo descanso que aprovecharán (que ya están aprovechando) para pasar tiempo con sus amigos y seres queridos, para cultivar otras aficiones que dejaron atrás y para probar nuevos sonidos, improvisar al piano, investigar. La música no para en ellos. «A quienes se crean que nos hemos rendido, que les jodan. Ya verán», advertía Joonas en una historia de Instagram.

Y también aprovecharán para recuperar hábitos perdidos. Por ejemplo, «volver a aprender a comer y a dormir», apunta Joel, quien, por culpa del estrés, sufre episodios de insomnio desde Eurovisión, con un principio de trastorno de alimentación leve y diagnosticado de hiperactividad desde niño. «De no haber escuchado a mi abuela y haber seguido a este ritmo un año más, es muy probable que Blind Channel se hubiera desintegrado el año que viene para siempre. Y eso sí habría sido lamentable», concluye.

En resumen, Blind Channel se retira por un tiempo de la música para seguir haciendo música. Su música. «Necesitamos tiempo para volver a vivir y poder escribir de lo que vivamos. Y que suene a nosotros. A garaje, que es de donde venimos, a Oulu, que es nuestra casa», sintetiza Niko. «Y cuando eso ocurra, seremos capaces de ofrecer el mejor disco del mundo. Y lo habremos compuesto sin prisas, sin presiones externas, sin toxicidad a nuestro alrededor». Blind Channel cumple con los requisitos para ser la mayor sensación en el heavy de los últimos 20 años pisando el freno antes de caer en el cliché de ‘sexo, droga, rock and roll’. Prefiere dar humildemente un paso a un lado en plena cresta de la ola que un paso al vacío sin punto de retorno. No llega al nivel de Metallica, y probablemente nunca llegue, pero tampoco aspira a ello si a cambio debe entregar al diablo su seña de identidad: su dignidad. Esa que les volverá a llevar a los escenarios como ellos saben. Haciendo mucho ruido.

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