Svalbard: cuanto menos hielo, más interés del orden mundial

Las islas noruegas Svalbard, en el Círculo Polar Ártico, son el lugar habitado más cercano al Polo Norte del mundo. Los efectos del cambio climático son más que notables aquí. Siempre ha sido un lugar tranquilo, donde rusos y noruegos convivían en perfecta armonía. Pero la guerra de Ucrania y las sanciones occidentales a Moscú también han llegado aquí y se han traducido en una rotura de las buenas relaciones entre vecinos y entre países. Un polvorín desconocido para el resto del mundo, pero crucial para el resto del mundo.

Paradójicamente, el deshielo ártico multiplica el interés de los grandes operadores mundiales por Svalbard | Alamy Stock Photo

Svalbard, donde existen más de 2.200 glaciares, se calienta entre tres y cinco veces más que cualquier otro lugar del planeta. Y los investigadores y científicos noruegos están hartos de advertir de los peligros que ello supone. RTVE ha viajado recientemente al archipiélago para conocer qué supone el aceleradísimo calentamiento del hielo de las islas. Estos investigadores fueron los primeros en dar la voz de alarma de que, si el Polo Norte comenzaba a perder temperatura, el resto del planeta estaría perdido. Por desgracia, el clima ha cambiado más rápido de lo que esperábamos», menciona el director internacional del Instituto Polar Noruego, Kim Holmén, en Documentos TV.

Y es que el Ártico se ha calentado casi cuatro veces más rápido que la media del resto del planeta en los últimos 43 años, según un estudio publicado en la revista Nature – Communications Earth & Environment. Cerca de los archipiélagos de Svalbard y Novaya Zemlya, el calentamiento llegó a ser de 1,25 grados por década, siete veces más rápido que en el resto del mundo. Longyearbyen es la ciudad más al norte del mundo y pese a eso, en ella viven 2.500 personas, más de la mitad noruegos y el resto de más de 50 nacionalidades. Su principal industria es la minera, que comenzó en 1906 cuando se abrió la primera mina de carbón tras una visita de un hombre de negocios estadounidense que estaba de vacaciones allí.

Fue la explotación del carbón lo que también llevó hace casi un siglo a Rusia (en aquel entonces, antigua URSS) a adquirir unos asentamientos en el archipiélago noruego. El más grande y activo es Barentsburg que sufre las consecuencias de las sanciones de Occidente contra Moscú. Las relaciones están congeladas, incluso a nivel científico, algo de lo que se quejan los científicos de uno y otro lado. Todo el mundo sabe que el Ártico es el futuro, el transporte y los recursos. Desde la invasión rusa de Ucrania, el archipiélago noruego es, además, parte de la pugna entre Rusia y la OTAN en el Ártico. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ya avisó del «desafío estratégico» que supone para la Alianza el incremento de la presencia militar de Rusia en el Ártico. «Rusia ha establecido un nuevo Comando Ártico. Ha abierto cientos de nuevas bases árticas así como antiguas instalaciones militares de la etapa soviética, incluidos bases aéreas y puertos de aguas profundas», declaró Stoltenberg.

Detrás de esta pequeña zona noruega existe un interés geopolítico de Rusia, China y de la propia OTAN. Hace poco estuvo en venta, pero el Gobierno noruego bloqueó el plan para vender el último trozo de tierra de propiedad privada en el archipiélago para evitar su adquisición por parte de China. Hablamos de un tesoro escondido del Ártico donde pesca Rusia y donde el gigante asiático tiene puesta la mira. «Los actuales propietarios de la propiedad privada de Sore Fagerfjor están abiertos a vender a actores que podrían desafiar la legislación noruega en Svalbard», manifestó la ministra de Comercio e Industria, Cecilie Myrseth, en un comunicado que recogía EFE. «Podría perturbar la estabilidad en la región y potencialmente amenazar los intereses noruegos», ha agregado. La propiedad de Sore Fagerfjord, en el suroeste de Svalbard estaba a la venta por 300 millones de euros. Con una extensión de 60 kilómetros cuadrados, el terreno tiene una «significativa importancia medioambiental, científica y económica», según un anuncio de la agencia Knight Frank.

Carbón, telecomunicaciones, pesca y corredores de transporte por el norte de Europa. Svalbard lo tiene todo | Alamy Stock Photo

Precisamente enlazando con el cambio climático, el archipiélago ha adquirido mayor importancia geopolítica a medida que el hielo marino se derrite, abriendo nuevas rutas marítimas y aumentando su valor estratégico. «Teniendo en cuenta los aspectos geopolíticos y estratégicos, el potencial comercial, los cambios climáticos y el creciente interés de las zonas árticas en general, la propiedad representa una oportunidad única», según los vendedores. El afortunado comprador iba a tener permiso para instalar telegrafía inalámbrica, puesto que la posición extremadamente septentrional de la propiedad la convierte en un lugar excepcional para las comunicaciones por satélite.

Entre los posibles compradores se encontraban Estados, organismos gubernamentales o particulares con grandes patrimonios. En términos de propiedades trofeo, Svalbard juega en una liga diferente. Aunque todo el que pujaba para ello se ha quedado con las ganas, puesto que Noruega consideró que su venta podía suponer un grave perjuicio al orden geopolítico mundial. Svalbard se rige por un marco jurídico inusual que permite a las entidades extranjeras afianzarse en la región. Un tratado firmado en 1920 reconoce la soberanía noruega sobre el territorio, pero también otorga a los ciudadanos de las potencias firmantes -entre las que se encuentran Rusia y China- los mismos derechos para explotar sus recursos minerales.

Rusia, por ejemplo, mantiene desde hace décadas una comunidad minera de carbón en Svalbard, a través de la empresa estatal Trust Arktikugol. Spitzberg (como llaman los rusos) es un territorio que los rusos reconocen que pertenece a Noruega, pero cuya historia reclaman asociar a la de la URSS. Argumentando que sus pescadores y cazadores acuden a estas latitudes desde el siglo XVI para capturar ballenas, focas y osos polares, y su importante papel económico en las islas, Moscú quiere tener voz en la gobernanza de Svalbard. De hecho, en la isla más al sur del archipiélago, Bjørnøya, se encuentran aparcados los submarinos nucleares rusos de la Flota del Norte.

A pesar de formar parte de Noruega, las islas tienen numerosas competencias en lo que se refiere a autogobierno, conservación, explotación, impuestos y migración. Por ejemplo, Svalbard está fuera del espacio Schengen y del Espacio Económico Europeo. No se necesita visa ni permisos de trabajo, pero si se ingresa vía Noruega, sí hace falta una visa Schengen. A lo antes señalado, se suma que en esta zona se encuentra el Banco Mundial de Semillas. También se pueden apreciar unas 130 antenas que parecen pelotas de golf gigantes que comunican con el espacio y uno de los dos cables de fibra óptica que une las islas con el continente. Como dicen los locales, la geopolítica de Noruega no está en Oslo. Está en Svalbard.

El pueblo en el que está prohibido morir

Svalbard es uno de los pocos lugares en la Tierra donde está prohibido morir. Por ley, no hay nada metafórico. En este archipiélago noruego, situado frente a Groenlandia, obliga desde 1950 a abandonar el lugar antes de pasar a mejor vida porque, por sus bajas temperaturas, que caen hasta los 46 grados bajo cero, los cuerpos enterrados no se descomponen. La principal razón por la que no existen cementerios en las islas se debe al permafrostuna capa de suelo congelada permanentemente. 

Hasta 1928 se enterraba a los muertos en Svalbard, tiempos en los que comprobaron que los virus y las bacterias que provocaron la muerte de la persona podrían conservarse intactas. Si alguien muere en Svalbard su cuerpo será transportado al continente noruego para su entierro o cremación. Y quienes estén gravemente enfermos serán trasladados para recibir además una buena atención médica, ya que no hay instalaciones para atender personas en estado crítico.

En Svalbard viven actualmente unos 3.000 seres humanos. Es un empate técnico con los otros seres vivos que habitan allí también y que no son humanos, sino osos polares. Los humanos están obligados a portar un arma de fuego cuando salen de casa y conducen por carreteras ligeramente aisladas y permiso para disparar si se encuentran a un oso polar a menos de 10 metros de distancia.

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